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Muchos de los que hemos cursado la carrera de biología hemos llevado, al menos, uno o dos cursos donde nos exigen dibujar lo que vemos, sea ya a simple vista, o a través de un microscopio de cualquier tipo. En lo personal, la idea de dibujar, aunque cansada, siempre me resultó interesante, pues me permitía fijarme en detalles de la muestra que una simple y burda fotografía con la cámara del teléfono celular podía ofrecerme - ¿o me van a decir que todos llevan sus cámaras profesionales a los cursos del bachillerato?
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| Passiflora edulis Sims "maracuyá". Nótese la falta de escala y la simpleza del trazo. Fuente: Elaboración propia. |
Sin embargo, no son pocos los que se quejan de la necesidad de dibujar las muestras en el laboratorio... Ya incluso uno de mis colegas, y amigo mío muy cercano, demostraba total desdén por lo que él llamaba una innecesaria pérdida de tiempo. Y no: no se refería al dibujo en sí, sino a la paciencia necesaria para captar cada minúsculo detalle lo que se estudiaba en ese momento. Es que, para dibujar, se hace preciso una cosa: prestar atención. Algo que estamos dejando de lado gracias al facilismo que nos traen la cámara fotográfica y sus múltiples accesorios.
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| Paranephelius ovatus A.Gray ex Wedd. Nótese la escala. Fuente: Elaboración propia. |
Es, justamente, éste el principal beneficio que Jennifer Landin, Ph. D., hace en su entrada publicada en Scientific American, donde hace una apología del dibujo científico muy buena, en mi opinión, y acertada. La observación... el primer paso del tan trillado método científico, que parece que, poco a poco, empieza a transformarse en un simple vistazo, más que en una observación propiamente dicha. Landin señala que la atención necesaria para poder hacer dibujos, si no artísticamente hermosos, al menos, científicamente precisos es la base para cualquier tipo de carrera relacionada a los seres vivos. Ya vemos que no sólo toca a nosotros, los biólogos, aprender a dibujar, cuando menos, sino también, a los traumatólogos y los dentistas.
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| Espécimen de la clase Cephalaspidomorphi. Ya vamos mejorando con el trazo, ¿no? Pero... ¿y la escala? Fuente: Elaboración propia. |
Landin también nos da a entender que el dibujo científico permite lidiar con otro aspecto más subjetivo del profesional que dibuja: las propias debilidades. Ella cita tres situaciones interesantes. En primer lugar, está el que, por más dado al cálculo que sea, es incapaz de determinar la proporción de tamaños. En mis años de asistente de laboratorio del curso de Diversidad de Angiospermas, en la UNALM, he sido testigo de cómo hay personas incapaces de determinar una proporción tan secilla como 1:2. He visto cómo varios estudiantes salen medio frustrados al no poder plasmar en el papel la relación de aspecto que existe entre, digamos, un pétalo y un estambre, al grado de dibujarlos del mismo tamaño cuando el primero es mayor que el segundo, y no al revés, en el caso de las quenopodiáceas, por ejemplo.
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| Magnolia grandiflora L. "magnolio". Nuevamente, olvidé la escala... Parece algo usual en mí. Eso, sin mencionar que la parte reproductiva está poco detallada. Fuente: Elaboración propia. |
La segunda situación es el de aquél que, al ser incapaz de detallar en el dibujo lo que observa, acompaña su trazo con un sinfín de palabras que transforma la imagen en un ensayo literario. He visto dibujos medianamente buenos opacados por las interminables notas que ponen los alumnos al momento de presentar su ilustración, con lo que el dibujo, materia de calificación, pasa a un segundo plano en el trabajo. Landin recomienda no alejarse del quid del asunto, que es crear un dibujo con un diseño enfocado en el usuario (o, en inglés, user-centered design), de manera tal que no sólo el autor, sino cualquiera, sepa qué es qué y en dónde está.
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| Espécimen de la clase Ascidiacea. Justo cuando empezamos a hablar de quienes llenan de notas el dibujo. Fuente: Elaboración propia. |
Finalmente, la tercera situación tiene que ver más con los profesores que con los alumnos, y es el aspecto de recordar cuando la vaca fue ternera. A veces, los profesionales solemos ser demasiado duros al calificar los dibujos de los estudiantes, pues olvidamos que, al principio, también estuvimos luchando con las proporciones y las formas al empezar con los trazos. Ser muy duros en nuestras críticas - una característica que quienes me conocen saben que en mí prima - puede desalentar y frustrar, con lo que se genera lo contrario a lo que se desea. Pero ser muy laxos tampoco ayuda... Definitivamente, hay una enorme diferencia entre una lamprea y una lombriz de tierra, y eso debería quedar claro, ¿no?
Como siempre, agradezco que hayan tenido la paciencia de leer hasta aquí. Siéntanse libres de comentar sus experiencias en el arte del dibujo científico, si lo han hecho, o en el mero acto de dibujar una manzana, que, para efectos de la entrada, también funciona. ¡Hasta luego!








1 comentarios:
Siempre quedaba frustrada de ver como mi compañero de al lado dibujaba mejor :( Jeje Excelente post, Carlitos!!
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