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martes, 15 de septiembre de 2015

Unir o separar: he ahí el dilema (sistemático)

Hagamos un experimento mental: pensemos en un jardín.  En él hay diversas plantas: geranios, rosas, poncianas, pastos de diferente forma y tamaño, en fin: lo que se quiera. Ahora bien, ¿cómo agrupas a cada planta? El menos observador, por comodidad, las pondrá todas en un mismo saco y dirá "todas son plantas". Bien.
Un bonito jardín con muchos geranios diferentes. ¿O son todos iguales? Fuente: Infojardin.com
Ahora viene alguien más observador y se da cuenta de que los pastos son similares entre sí, por lo que dice "hay dos grupos, los pastos y las plantas que no son pastos". Si proseguimos con clasificaciones cada vez más minuciosas, eventualmente llegaremos a una clasificación científica. Y aquí comienzan los problemas. Pensemos en los geranios: quizá uno dijo que todos eran la misma especie. Luego, llegó otro y se fijó mejor, y encontró diferencias en, digamos, las hojas, por lo que lo que antes se conocía como una sola especie, en realidad eran dos. Y así, sucesivamente, fueron llegando expertos cada vez más observadores, capaces de ver diferencias aun más sutiles: los pelos en las hojas, la forma de la flor, el color de los pétalos, los químicos que producían, la composición misma de su ADN... Cada vez más precisos, los últimos observadores de este jardín son capaces de enumerar decenas, centenas o millares de diferencias.
"Pues, para mí, todos son iguales". Fuente: Infojardin.com
Ningún geranio es objetivamente igual a otro, así que viene la gran pregunta: ¿todos son lo mismo, con variaciones como las que hay entre miembros de una familia o entre las distintas razas de perros? ¿O son tan distintos que cada uno representa una especie nueva? Quizá halla quien se decante por la opción intermedia: una cantidad de especies con infinidad de subespecies, variedades, subvariedades, formas y subformas.

Si elegiste la primera opción, eres un lumper: un "juntador" o "agrupador". Si prefieres reconocer cada diferencia como válida, eres un "splitter": un "divisor" o "desglosador".
Un diagrama para entender mejor si no lo entendiste antes. Fuente: John V. Wylie
Este es un problema grande, que desata pasiones encontradas. Y no solo en la botánica: a mí me enseñaron que el género Canis contenía, entre otras especies, al perro, Canis familiaris, y al lobo gris, Canis lupus. Pero perros y lobos no son tan diferentes como parecen: todos los lobos y todos los perros son mutuamente fértiles, producen descendencia fértil, tienen la misma cantidad de cromosomas, tienen sistemas de comunicación y estructuras sociales similares... Nada que indique que no debieran ser unidos en una sola especie: C. lupus. Pero de todos modos, son bastante diferentes: los perros ladran mucho y aúllan poco, y los lobos hacen lo contrario; los perros son innatamente más dóciles que los lobos, y la diversidad de razas entre perros es incomparable con los pocos (relativamente) tipos de lobos salvajes que hay. La solución elegante es reducir la especie de los perros a subespecie de lobo. Hay descritas alrededor de 40 subespecies de lobos.

En plantas no es tan sencillo: los vegetales son mucho más plásticos que los animales en lo que respecta a morfología e hibridación, por lo que la especie de uno es el género de otro. Y más aun, hay plantas que son extremadamente variables, pero conforman una sola especie; mientras que hay poblaciones indistinguibles entre sí morfológicamente, pero que se encuentran tan genéticamente diferenciadas que no se pueden considerar de la misma especie: son las llamadas criptoespecies.
Como prueba, haz el siguiente ejercicio: sin leer el texto, mira las imágenes de este artículo (haciendo click en el enlace), y piensa si son especies distintas. Pese a ser tan diferentes, todas son la misma especie. Ahora, sorpréndete más y ve a este enlace y date cuenta de que, pese a variar de forma casi continua, cada una representa especies distintas, incluso a diferentes géneros.

Ahora, la declaración personal: me considero un lumper. Es preferible tener taxones grandes y diversos que desmenuzar un grupo natural y decir que son muchas especies.

Pero, ¿qué es especie? ¿Qué es un grupo natural? Ah, eso es motivo de otra publicación.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Redescubriendo los beneficios olvidados del dibujo

Lee el artículo original aquí.

Muchos de los que hemos cursado la carrera de biología hemos llevado, al menos, uno o dos cursos donde nos exigen dibujar lo que vemos, sea ya a simple vista, o a través de un microscopio de cualquier tipo. En lo personal, la idea de dibujar, aunque cansada, siempre me resultó interesante, pues me permitía fijarme en detalles de la muestra que una simple y burda fotografía con la cámara del teléfono celular podía ofrecerme - ¿o me van a decir que todos llevan sus cámaras profesionales a los cursos del bachillerato?

Passiflora edulis Sims "maracuyá". Nótese la falta de escala y la simpleza del trazo. Fuente: Elaboración propia.

Sin embargo, no son pocos los que se quejan de la necesidad de dibujar las muestras en el laboratorio... Ya incluso uno de mis colegas, y amigo mío muy cercano, demostraba total desdén por lo que él llamaba una innecesaria pérdida de tiempo. Y no: no se refería al dibujo en sí, sino a la paciencia necesaria para captar cada minúsculo detalle lo que se estudiaba en ese momento. Es que, para dibujar, se hace preciso una cosa: prestar atención. Algo que estamos dejando de lado gracias al facilismo que nos traen la cámara fotográfica y sus múltiples accesorios.
Paranephelius ovatus A.Gray ex Wedd. Nótese la escala. Fuente: Elaboración propia.

Es, justamente, éste el principal beneficio que Jennifer Landin, Ph. D., hace en su entrada publicada en Scientific American, donde hace una apología del dibujo científico muy buena, en mi opinión, y acertada. La observación... el primer paso del tan trillado método científico, que parece que, poco a poco, empieza a transformarse en un simple vistazo, más que en una observación propiamente dicha. Landin señala que la atención necesaria para poder hacer dibujos, si no artísticamente hermosos, al menos, científicamente precisos es la base para cualquier tipo de carrera relacionada a los seres vivos. Ya vemos que no sólo toca a nosotros, los biólogos, aprender a dibujar, cuando menos, sino también, a los traumatólogos y los dentistas
Espécimen de la clase Cephalaspidomorphi. Ya vamos mejorando con el trazo, ¿no? Pero... ¿y la escala? Fuente: Elaboración propia.

Landin también nos da a entender que el dibujo científico permite lidiar con otro aspecto más subjetivo del profesional que dibuja: las propias debilidades. Ella cita tres situaciones interesantes. En primer lugar, está el que, por más dado al cálculo que sea, es incapaz de determinar la proporción de tamaños. En mis años de asistente de laboratorio del curso de Diversidad de Angiospermas, en la UNALM, he sido testigo de cómo hay personas incapaces de determinar una proporción tan secilla como 1:2. He visto cómo varios estudiantes salen medio frustrados al no poder plasmar en el papel la relación de aspecto que existe entre, digamos, un pétalo y un estambre, al grado de dibujarlos del mismo tamaño cuando el primero es mayor que el segundo, y no al revés, en el caso de las quenopodiáceas, por ejemplo.
Magnolia grandiflora L. "magnolio". Nuevamente, olvidé la escala... Parece algo usual en mí. Eso, sin mencionar que la parte reproductiva está poco detallada. Fuente: Elaboración propia.

La segunda situación es el de aquél que, al ser incapaz de detallar en el dibujo lo que observa, acompaña su trazo con un sinfín de palabras que transforma la imagen en un ensayo literario. He visto dibujos medianamente buenos opacados por las interminables notas que ponen los alumnos al momento de presentar su ilustración, con lo que el dibujo, materia de calificación, pasa a un segundo plano en el trabajo. Landin recomienda no alejarse del quid del asunto, que es crear un dibujo con un diseño enfocado en el usuario (o, en inglés, user-centered design), de manera tal que no sólo el autor, sino cualquiera, sepa qué es qué y en dónde está.
Espécimen de la clase Ascidiacea. Justo cuando empezamos a hablar de quienes llenan de notas el dibujo. Fuente: Elaboración propia.

Finalmente, la tercera situación tiene que ver más con los profesores que con los alumnos, y es el aspecto de recordar cuando la vaca fue ternera. A veces, los profesionales solemos ser demasiado duros al calificar los dibujos de los estudiantes, pues olvidamos que, al principio, también estuvimos luchando con las proporciones y las formas al empezar con los trazos. Ser muy duros en nuestras críticas - una característica que quienes me conocen saben que en mí prima - puede desalentar y frustrar, con lo que se genera lo contrario a lo que se desea. Pero ser muy laxos tampoco ayuda... Definitivamente, hay una enorme diferencia entre una lamprea y una lombriz de tierra, y eso debería quedar claro, ¿no?

Como siempre, agradezco que hayan tenido la paciencia de leer hasta aquí. Siéntanse libres de comentar sus experiencias en el arte del dibujo científico, si lo han hecho, o en el mero acto de dibujar una manzana, que, para efectos de la entrada, también funciona. ¡Hasta luego!

jueves, 3 de septiembre de 2015

Diez cosas que los biólogos, aparentemente, no saben de los biólogos

Hace no mucho, empezó a circular una imagen con una decena de "características" que tenemos nosotros, los estudiantes y profesionales de esta bellísima carrera, por las redes sociales. Valgan verdades, se trata solamente de una versión más actualizada de una suerte de decálogo que deben tener en cuenta aquellos que tienen la oportunidad, para bien o para mal, de convivir con un biólogo, y de las situaciones a las que atenerse con éste. Dejo, a continuación, la imagen en cuestión.
Para ser sincero, cuando vi las versiones previas, allá por los años del bachillerato, también me sentí identificado con las situaciones que en aquel entonces se afirmaba de nosotros. No pude dejar de declarar lo acertada que ésta era, y lo mucho que se parecía a lo que, según mi criterio, tenían que soportar mi familia y amigos conmigo. Pero eso fue hace ya algún tiempo, y luego de haber conocido nuevas realidades del trabajo en esta ciencia, noto, con suma decepción, lo alejado que está el - llamémosle - decálogo de la realidad. Claro, superficialmente, ¿quién no se ha visto envuelto en alguna de esas diez situaciones? ¿Quién no ha llegado a casa con, no sé, ácido láctico o una cámara letal? ¿Quién no se ha ufanado de tener la mejor colección de libros para los cursos de la facultad? O, por último, ¿quién no ha justificado su desinterés por la etiqueta y los buenos modales, e incluso, la higiene personal, con alguna respuesta rápida sobre la cantidad de microbios del ambiente, o lo animales que somos? Eso, todo, es muy gracioso... para los estudiantes de biología, esos que aún creen que la carrera se trata de salvar al panda o proteger las selvas tropicales. Fue bastante decepcionante ver que varios de mis colegas con algunos años fuera de la facultad, y bien metidos en el mundo, sigan viendo así la carrera... Una carrera que es, por lo menos en el medio peruano actual, poco valorada, y no sólo porque los no biólogos no aprecien la ciencia, sino porque nosotros mismos la maltratamos a niveles ominosos.

Yo soy botánico, con algo de experiencia docente y algo, también, de calle en el mundo laboral del biólogo, y como tal puedo afirmar lo siguiente con respecto al decálogo:

  1. Mi campo de estudio es la taxonomía de plantas, pero no soy ni jardinero, ni agrónomo; mi conocimiento debería limitarse a la situación taxonómica de un grupo específico de vegetales. Sin embargo, es poco profesional no tener algunos conocimientos básicos de casi cualquier organismo vivo, y ésta es una de las primeras deficiencias que he notado en varios colegas míos, luego de salir de la facultad al mundo laboral, que son incapaces de llevar a cabo una revisión rápida en internet sobre temas tan básicos como el ciclo vital de los mamíferos, o la jerarquía de los rangos taxonómicos. Muchos colegas no sólo no son capaces de distinguir una angiosperma de una gimnosperma, sino que consideran que, al no ser ése su campo, no tienen por qué saberlo... y eso es casi tan malo como que yo, en mi calidad de botánico, no supiese cuál es la diferencia entre un mono y una mariposa. Además, ¡por Dios!, sinceramente, ¿quién de nosotros llama en algún momento ciclopentano-perhidro-fenantreno al colesterol? ¿Quién?
  2. Conozco varios biólogos desapasionados, que con las justas leen periódicos para enterarse de política. La falta de pasión no es sólo el desinterés por la carrera, sino también el desinterés de hacer investigación pura y sin ninguna aplicación directa. Eso es lo que diferencia la biología, una ciencia básica, de, digamos, la ingeniería biológica, una disciplina aplicada. Esta característica del biólogo peruano actual parece no ser muy importante, pero, cuando llegamos a instancias donde los organismos estatales - que contratan biólogos, supuestamente, para que revisen que, digamos, el componente biológico de un EIA está bien llevado -, y el susodicho pide información tan absurda como las coordenadas de la especie nueva, demostrando que no tiene ni idea de cuál es el tratamiento que reciben los descubrimientos científicos en una redacción que imposibilita su entendimiento, creo, ya es hora ponerse a pensar si de verdad es necesario nuestro trabajo, pues parece que los cinco años de carrera fueron por las puras.
  3. Ser biólogo no es sinónimo de ser desaseado, ni tampoco ambientalista. Personalmente, prefiero un millón de veces que ensucies el ambiente, que sentirme sucio; aun en campo. Esta creencia de que ser biólogo implica, necesariamente, toda una filosofía verde o ecoamigable no es más que un estereotipo absurdo que equipara al profesional que se ha matado leyendo y leyendo libros, y entendiendo que es imposible no afectar el entorno, con el optimista de buenas intenciones pero ninguna preparación. O ducha.
  4. Ser biólogo no es amar la vida, sino el estudio científico - i.e., serio - de los seres vivos. Amar la vida es una postura bonita para la mayoría (no para mí), pero no es suficiente para hacer ciencia de verdad. Y, personalmente, no soy muy adepto de los "bichos" sin clorofila, lo que incluye varios taxones que, se supone, yo debería conocer bien, como los hongos, que son objeto de estudio de la botánica pese a no ser plantas.
  5. Este punto es, en realidad, importantísimo. La situación laboral actual de los biólogos en el Perú es nuestra culpa por aceptar pagas miserables para trabajos muchas veces muy peligrosos, y por permitir que cualquiera pueda hacer las veces de nuestra carrera. Exponerse a virus, bacterias, enfermedades, animales salvajes, vectores e incluso comunidades campesinas enojadas con la minera de turno no es algo de jugar; sin embargo, si la consultora decide que no va a pagar más de cierta cantidad de dinero, muchos aceptan porque, bueno, chamba es chamba, y no se hace nada al respecto. Es bastante inconcebible que nuestra carrera no sea considerada de alto riesgo, y que nosotros no hagamos nada como gremio profesional para cambiar eso. ¿Dónde están esos biólogos que leen de política ahora?
  6. Este es otro punto que se me hace importantísimo, y no sólo por ser taxónomo. He conocido muchos biólogos que desdeñan la utilidad de la taxonomía, la sistemática, la filogenia y la nomenclatura tanto o más que los no biólogos; es más: suelen ser los no biólogos los más interesados en saber si la planta que tienen en su casa es, efectivamente, de la especie Cycas revoluta, o si se trata de alguna nueva especie de cicadofita del género Zamia (que, dicho sea de paso, ha sucedido). Muchos de mis colegas se esfuerzan tan poco en entender que los conceptos de biodiversidad se basan sobre aquéllos derivados de éstas, que los banalizan al grado de no tomar la debida importancia en sus investigaciones. ¿Cuántos de nosotros nos hemos molestado en verificar en una institución científica como un museo, un laboratorio o un herbario que la especie con que se supone que trabajamos es tal? Sin ir muy lejos, he visto buenas investigaciones de tesis que, en mi opinión, no están bien sustentadas porque han llevado el estudio con lo que se supone que es la especie... Eso nos quita credibilidad, además de generar confusiones terribles pues solemos sinonimizar el nombre común al científico (no, señores: "oca" no es igual a Oxalis tuberosa, ni "quinua" igual a Chenopodium quinoa). Además, como dijo en algún momento uno de los mejores biólogos que he conocido hasta ahora, "un buen científico no cree en vacas sagradas".
  7. Llevar a casa muestras de campo o de laboratorio sólo es señal inequívoca de que no se sabe qué demonios se está haciendo. Es permisible en estudiantes de facultad que, bueno, no suelen manejar cosas más peligrosas que una cámara letal. Pero que un biólogo ya egresado lo haga... A menos que tenga, no sé, una estufa o una cámara de Batch en su casa, no sé por qué rayos debería llevarse la muestra.
  8. Aquí la cosa se torna tan absurdamente subjetiva, que generalizar de esta manera los gustos o la preocupación por la apariencia que cada biólogo tiene resulta, por demás, una reverenda estupidez. Si se tratara de pensar únicamente como biólogos, como buenos científicos, sabríamos que la belleza externa es uno de los primeros elementos de la aptitud reproductiva, y que lo llamado belleza interior es algo demasiado subjetivo, y por ende, poco racional para ser controlado, así que todos seríamos, sin lugar a dudas, lo que suele denominarse superficiales. Iríamos bien vestidos, siempre con cuerpos esculturales, y preocupadísimos de demostrar las mejores características etológicas necesarias que nos aseguren el mayor número de parejas posibles, porque, nuevamente, como biólogos, tendríamos en cuenta que nuestro mayor logro en este mundo sería dejar descendencia. Ah, eso sin agregar que, como sabemos, los primates somos naturalmente polígamos. Creo que ya queda claro el resto.
  9. Muchos biólogos peruanos con las justas leen, y eso se demuestra en su pésimo uso de la lengua castellana (basta ver el nivel del español empleado en la elaboración de la polémica imagen motivo de esta entrada). Tener una biblioteca amplia no es sinónimo de interés lector: los no biólogos tienden a regalarnos libros, pues asocian la carrera a una curiosidad por saber más y más sobre un tema... Y así debería ser. Pero no. "Sí, yo tengo libros sobre plantas del Neotrópico, y harta información sobre los manglares; es más, podría recomendarte varios papers sobre conservación de ecosistemas"... Pero, la verdad, es que, muy probablemente, no haya leído ni la mitad de esos libros, y que los papers simplemente sean los que usé para una publicación que hice hace ya varios años...
  10. Somos animales todos, y, sin embargo, vivimos negando nuestra propia naturaleza. ¡Vaya incongruencia! Biólogos y no biólogos por igual. Negamos nuestra tendencia narcisista, nuestro complejo del Ser Supremo o nuestro afán generalizador, todas estas características muy humanas que tenemos todos, sin excepción, pero que, por esas mismas causas, pretendemos ver sólo en los no biólogos.
Sí, ésta es mi opinión. Una hecha luego de haber visto un poco más a fondo cómo andamos en nuestra patria querida. Una crítica a nosotros mismos que nos jactamos de ciertas cualidades que, en general, no poseemos. Desde ya, te agradezco el haber leído hasta aquí, y te invito a dejar tus comentarios que, probablemente, no leeré, pero, ¡vamos!, que esto es internet.

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